Crónica

Matías Catrileo, memoria e identidad mapuche


Vivir sin perder el tiempo

El asesinato de Matías Catrileo inició una nueva etapa de la historia del movimiento mapuche, y también en la de la militarización de la Araucanía. Se convirtió en un símbolo de la impunidad de Carabineros y de generaciones de jóvenes urbanos que –como la autora de esta crónica– comienzan a reencontrarse con su identidad mapuche. Además de un libro sobre su vida, la película “Algún día las raíces” mantiene hoy viva su memoria y muestra cómo estaba siendo hostigado previo a su muerte.

Cuando Matías Catrileo recibió el disparo llevaba en su mochila el libro Introducción a la religiosidad mapuche, del investigador Rolf Foerster.

―¿Dónde estás? ¿Viste las noticias? ¡Voy para allá! ―es lo que recuerda Catalina, hermana de Matías, que le dijo una amiga por teléfono. Catalina Catrileo estaba en Santiago, en la comuna de Pudahuel; y su amiga, en La Florida. Por eso le extrañó su decisión. No entendía nada. A los pocos minutos llegó su padre, la abrazó y le dijo que tenían que viajar a Temuco. “Así me enteré que mi hermano había fallecido”.

Matías Catrileo Quezada tenía 23 años, era estudiante en la Universidad de la Frontera (UFRO) y militante de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) cuando fue asesinado el 03 de enero de 2008 por Carabineros. Estaba participando en la recuperación del Fundo Santa Margarita en la comuna de Vilcún de La Araucanía, tierra indígena que legalmente figuraba como propiedad de Jorge Luchsinger, empresario agrícola de la Araucanía, hermano de Werner Luchsinger y cuñado de Viviana Mackay.

“Ese enfrentamiento, según información policial, se produjo entre estos comuneros y Carabineros recibiendo fuego cruzado y, por tanto, se respondió con armas de fuego”, afirmó en ese entonces el subsecretario del Interior del gobierno de Michelle Bachelet, Felipe Harboe. 

Tiempo después se comprobó que tal enfrentamiento no existió.

Matías Catrileo recibió un disparo por la espalda del cabo segundo Walter Ramírez. El carabinero fue condenado en 2010 a tres años y un día de libertad vigilada por el delito de violencia innecesaria. “No hubo cárcel. No hay justicia y se sigue reprimiendo a las comunidades”, dice Catalina. 

En 2012 la familia presentó el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Siguen a la espera.

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Fue el 02 de enero de 2008 que Catalina vio por última vez a su hermano con vida. Habían pasado el año nuevo juntos. Recuerda sonriendo que se abrazaron, pese a que Matías no era entusiasta de celebrar las fechas del calendario gregoriano. Se despidieron en Temuco, Catalina partió al terminal y viajó durante el día a Santiago. 

Los 03 de enero ya nunca fueron los mismos. Ya son 16 años conmemorando la memoria de su único hermano, que se convirtió en un símbolo en el conflicto del Estado chileno con el pueblo mapuche.

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Matías nació en Santiago en la comuna de La Florida, desarraigado de sus raíces. Desde pequeño sabía que era mapuche, pero no qué significaba. “Nuestra familia perdió su cultura hace muchas generaciones, nuestros antepasados quedaron en un pueblo de indios al norte del Bío Bío”, dice Catalina. 

Los hermanos estudiaron en el Colegio Puelche, un establecimiento que ya no existe. Catalina recuerda “ahí se hablaba del respeto a los pueblos indígenas”.

Fue en la adolescencia cuando Matías empezó a cuestionar su identidad. Pasó por distintas etapas, se acercó al estilo punk, también por la ideología anarquista. Abandonó el colegio, aprendió mapudungun y guitarra. 

Retomó sus estudios y realizó el servicio militar en Arica, un antecedente que sorprende a algunos: “Le dice a mi mamá que quiere ‘estudiar al enemigo’, porque ya consideraba al Estado y al ejército sus enemigos”. 

Para Catalina Catrileo, esto último “podría sonar como exagerado”, pero enfatiza en que se ha naturalizado en el país “vivir con militares, con tanques y camiones blindados”. Se refiere al Estado de Excepción que desde el 17 de mayo de 2022 rige en la región de la Araucanía y las provincias de Biobío y Arauco. 

Así como la muerte de Matías Catrileo remeció a jóvenes mapuche, a Matías lo marcó la muerte de Álex Lemun, quien después de cinco días de agonía falleció el 12 de noviembre de 2002 en Temuco, a los 17 años.  

Álex Lemun recibió un impacto de bala en la cabeza por parte del oficial de Carabineros Marco Treurer, mientras participaba en la recuperación de un predio de Forestal Mininco en la comuna de Ercilla. “Lo conmovió, se puso a investigar más y fortaleció su idea de rescatar todo lo mapuche”, dice Catalina.

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Matías obtuvo un buen puntaje para entrar a la universidad y decidió postular a Agronomía en la Universidad de La Frontera (UFRO) en el sur. Cuando llegó a Temuco se fue a vivir donde sus tíos, Patricia Catrileo y Pedro Mariman; estuvo allí hasta el 2005. 

Esa estancia fue clave, explica el historiador Fernando Pairican Padilla, autor del libro La biografía de Matías Catrileo (Editorial Pehuen, 2017): “Era un mapuche que vivía en Santiago, resultado de la ‘mapurbidad’, que comienza a cuestionarse su aspecto socio-político en ese escenario, dado también por su apellido y su vínculo con familia Mariman, que son grandes intelectuales mapuche y militantes del movimiento también en distintas etapas de la historia”.

Al poco tiempo, Matías toma una decisión teórica y política por la vía rupturista. “Le atrae la línea de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), y en esa forma de resistencia convive mucho con comunidades”, añade Pairican.

La CAM irrumpió en la escena política chilena en 1997, cuando realizó su primer sabotaje en contra de tres camiones forestales en el marco del conflicto del Estado chileno, latifundistas, empresas forestales y el pueblo mapuche.

El planteamiento político de la organización está plasmado en El pensamiento emancipatorio de la Coordinadora Arauco-Malleco. Su autor es Héctor Llaitul, su vocero, en prisión preventiva desde diciembre de 2022, acusado de delitos contra la Ley de Seguridad Interior del Estado. Su juicio comenzó en marzo de este año y arriesga 25 años de cárcel. 

El documento indica: “Las acciones de resistencia son en su mayoría de carácter incendiario y tienen por objetivo afectar la economía del enemigo, más bien el circuito productivo de la inversión capitalista nacional y transnacional en el Wallmapu, siempre y cuando éste confronte y ponga en riesgo la vida Mapuche”. 

Unos días antes de la navidad de 2007, Matías Catrileo había viajado a Santiago. Habló con sus padres, y a su hermana la invitó a salir a caminar para conversar. 

“En ese momento yo no entendía mucho más allá la lucha mapuche, ni la represión que había, pero sí sabíamos que apoyaba a comunidades. Me dice que participa en una organización, en la CAM y que hay muchos presos por ‘asociación ilícita terrorista’. También me comentó que la situación era complicada, que los presos estaban en huelga y que todo estaba muy movilizado”, recuerda Catalina. 

En esa visita también le contó que estaba enamorado de la Rayen, “llevaban cerca de cinco meses, estaban en pleno noviazgo”.

Matías conversaba y escuchaba mucho a la gente, participaba en ceremonias ancestrales y le gustaba aprender las actividades campo. Su militancia en la CAM y trabajo con comunidades, según cercanos y familiares, lo convirtió en un “blanco” para la policía chilena, un antecedente que muestra la primera película basada en los últimos días del joven mapuche.

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Enero de 2024. 16º conmemoración en memoria de Matías Catrileo. 

En la Universidad Católica de Temuco se pre-estrena Algún día las raíces, un largometraje de ficción dirigido por el cineasta chileno Alejandro Valdeavellano Ramaciotti

“La idea nace en el marco del proyecto de título que defendimos como parte del equipo realizador de la película. En 2015, junto a Catalina Saavedra Reyes (realizadora audiovisual), productora de la película, comenzamos a reflexionar en torno a algunas de las ideas”, dice Valdeavellano.

Escucharon una canción que versa sobre el asesinato de Matías a manos de Carabineros de Chile llamada "Weychafe Catrileo" del grupo Eterna Inocencia. Parte así: 

Ayer pude recorrer

El país de las manzanas

Entre Temuco y Neuquén

Los ríos corren en la dirección del sol

Que sale al amanecer

Calentando la tierra y mis pies

Sin Matías me encontré

Luego de eso decidieron contactar a la familia Catrileo Quezada para proponerles hacer una película sobre su hijo y hermano. 

A través de ellos pudieron conocer y aprender de distintos círculos sociales de Matías. 

“Amigos, amigas, amores, familia y círculos de resistencia mapuche y no mapuche nos fueron contando diferentes perspectivas de Matías, puntos de vista que nos permitieron crear una versión de Matías de forma respetuosa y desapegada de estereotipos”, cuenta Valdeavellano.

En 2012 la familia presentó el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Siguen a la espera.

Hay conversaciones para una exhibición gratuita en Villa Francia, un territorio donde Matías participó activamente. Los creadores de la película esperan que esta pueda exhibirse en anfiteatros y/o salas autogestionadas con aporte voluntario, pero con tarifa mínima definida. “De esta manera podríamos recaudar algo de dinero para solventar gastos que conlleve la posterior exhibición en comunidades y poblaciones”, dice el cineasta. 

La periodista Morin Ortiz Herrera informó en una entrevista a Catalina Catrileo que la familia de Matías pidió como único y gran requisito al equipo que la película se hiciera sin fondos gubernamentales.

“No habría sido correcto que una película en memoria de Matías se hiciera con fondos del mismo Estado que lo asesinó”. 

Esta posición se suma a cuando en 2015 la Corte Suprema dictaminó que la violencia del cabo Walter Ramírez fue innecesaria y obligó al Estado a indemnizar a la familia por un monto de 130 millones. La familia decidió donar el dinero que recibirán del Fisco a una ONG dedicada a la protección del pueblo mapuche. 

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“Matías decía que debían preservar la memoria de las personas asesinadas”

“Un día de verano del 2007 en un rincón de ´el Moise´, en Temuco, compartíamos con Matías Catrileo el devenir del mundo mapuche. Un rato antes, en la sede de Liwen, me había comentado orgulloso que Mario -su padre- le había comprado el "Escucha winka" y que estaba ya por terminarlo. Conversamos de la organización estudiantil en la universidad que estudiaba y de cómo el We Kintun -organismo que alguna vez también integré- se había transformado de una orgánica en una identidad. Noté, en sus juicios del contexto y sobre la situación que vivíamos los mapuche, que sus conocimientos y experiencias transitaban agigantadamente desde la última vez que lo había visto. Me sentí reflejado en él, como cuando me contó unos años antes que quería estudiar agronomía para irse a vivir y trabajar en el campo. Aquel era un día esplendoroso, la luz, el azul en un viento envolvente  -mientras cruzábamos el Cautín- solo podían dar ánimo e impulso a ese nütram (encuentro); lleno de vida y futuro.”

La nota es un extracto que escribió el historiador Pablo Mariman en la reedición del libro Escucha Winka, recordando pasajes de conversaciones con su sobrino “político”.

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Al momento de su muerte, Matías Catrileo tenía pareja. Llevaban cerca de cinco meses de relación con Rayen Pailahual, originaria de la comunidad Gabriela Ancahuala de Villarrica, planeaban irse a vivir a una comunidad. “Había afinidades políticas, sociales y humanas entre los dos, no pensé que nuestros caminos se unirían en la forma que fue”, dice Catalina.

Se conocieron en 2006 en un contexto de movilizaciones sobre los presos políticos mapuche. Al año siguiente, las protestas se acentuaban: Patricia Troncoso, conocida como la “Chepa”, iniciaba su tercera huelga de hambre seca en la cárcel de Angol, junto con otros prisioneros. Exigían la desmilitarización del territorio de la Araucanía, la derogación de la Ley Antiterrorista y la libertad a todos los presos involucrados en el  “caso Poluco Pidenco”, juicio donde se obtuvo la primera condena por incendio terrorista contra dirigentes mapuche.

En una videollamada Rayen recuerda a Matías. Lo describe como una persona que “tomaba decisiones de forma consciente”. “Él quería vivir todo, quería vivir sin perder el tiempo”.

Tal como se ve en el filme, Rayen coincide con que Matías era perseguido por la policía antes de su asesinato. “Él estaba identificado, estaba siendo observado y las consecuencias fueron irreversibles”. También considera que normalizaron la persecución, “creo que es un error que cometemos, porque es algo grave. Hace 16 años ya había persecución policial y sigue ocurriendo, las condenas desmedidas, los testigos sin rostro, lo cual ha ido aumentando, más hostigamiento y allanamiento donde hay niños. El abuso contra quienes recuperan la tierra es desmedido”.

Matías no tenía miedo, o al menos no lo demostraba. 

El último día que estuvieron juntos, Rayen y Matías se despidieron como un día cotidiano. Él estaba ocupado, enfocado en actividades de la movilización y también generando recursos económicos, para ello, estaba grabando cds de películas y documentales mapuche para poder venderlos.

Al día siguiente, Rayen no podía asumir la noticia. La llamó una amiga que no estaba en Temuco, a los pocos minutos “me habló un lamngen y me confirmó lo ocurrido”. Fueron a reconocer el cuerpo. Recuerda que había una alta presencia policial por las calles. “Llegar fue largo y difícil, siempre guardé la esperanza que no fuera así”.

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En 2008 cuando Matías Catrileo recibió el disparo, Ramón Llanquileo estaba con él. Se llevó el cuerpo y se comunicó con la radio Bío Bío. No querían entregar el cuerpo a la policía por temor a que alteraran las pruebas. Prefirió la Iglesia Católica. 

Finalmente, las pericias se realizaron en el Servicio Médico Legal de Temuco con la mediación del obispo de Villarrica Sixto Pazinger, la Cruz Roja y la Defensoría Pública.

Según explica Fernando Pairican, a través del análisis que han realizado en el Instituto Milenio para la Investigación en Violencia y Democracia (VioDemos), lo que han observado con los últimos acontecimientos, “es una decisión de parte del Estado de generar un incremento de la políticas de seguridad, que se comienza a configurar en 2006”. 

“Después de la muerte de Matías se desarrolla aún más, porque la respuesta del movimiento autonomista va a ser el inicio de la autodefensa armada en las recuperaciones de tierra, lo que genera una escalada del Estado con mayores políticas de criminalización, que se observa de forma más clara con Camilo Catrillanca”, dice. El asesinato de Matías “inicia una nueva etapa de la historia del movimiento mapuche”.

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Un video de Matías Catrileo que ha circulado por internet plasma de forma clara sus ideas: “él creía en la reconstrucción del pueblo mapuche, en la recuperación de la tierra usurpada y la autonomía mapuche, un pueblo con idioma, con espiritualidad y organización social y política propia”, dice Rayen.

Del otro lado de la cámara se escucha Matías diciendo: 

Hay una situación de pobreza, la gente está rodeada de forestales, es muy difícil vivir en un espacio tan reducido de tierra. 

Matías participaba en ceremonias ancestrales y le gustaba aprender las actividades del campo. 

Con el pasar de los años, Rayen confiesa que se ha cuestionado no haberle insistido más a Matías el saber adónde iba. “En el momento qué pasó, me costó entender lo que estaba ocurriendo, pero por seguridad de todos no daba más detalles”.

Su muerte ha sido un proceso difícil de aceptar, más aún porque su vida fue arrebatada, “uno nunca está preparado para estas cosas tan injustas, pero he ido aprendiendo que tiene que ver con un plano más espiritual”.

Los dos fueron juntos a una conmemoración por Álex Lemun en su comunidad, porque Matías decía que debían preservar la memoria de las personas asesinadas. Ahora Rayen tiene tres hijos, uno de 11 años, una niña de 4 y la menor de un año y nueves meses. Al mayor, ya le ha contado la historia de Matías.

“Les enseño a mis hijos lo que está ocurriendo y nuestras proyecciones, les enseñamos mapudungun, la parte espiritual, su vestimenta, su alimentación, tratando de hacer esta vida mapuche. Apuntando siempre a reconstruirnos”.

Las fotografías utilizadas en esta crónica son de la película "Algún día las raíces".