Ensayo

Artesanía carcelaria en dictadura


Lo material y lo afectivo

¿Cómo ilumina la memoria sobre la dictadura un objeto realizado por una mujer en prisión? ¿Qué recuerdos puede guardar un gesto textil? ¿Cómo se esclarecen los recuerdos a través del contacto con la materialidad? Con esas preguntas en mente nació el proyecto “Biografías de artesanías: mujeres creando en prisión 1973-1990”. Su investigadora, Josefina Vidal, detalla la experiencia y cómo esta le permitió entender el verdadero significado de la expresión "tejido social".

Una blusa bordada por María Angélica Barrientos en el Centro de Detención Tres Álamos en Santiago en 1976. Esa fue la primera artesanía que investigué para escribir su biografía.

Tengo treinta años. Nací en democracia, pero la dictadura ha dejado rastros en mi vida e identidad; sedimentos que han tomado la forma de silencios y preguntas. Mi memoria sobre la dictadura ha sido heredada de los recuerdos de mis padres, abuelos y las personas que me anteceden, y entretejida con imágenes y relatos de documentales, películas y libros que he visto y leído durante mi vida. No tengo parentescos cercanos con personas que hayan sido perseguidas o víctimas de la dictadura y eso, tal vez, me ha entregado la distancia y la posibilidad de indagar en los recuerdos de mujeres que fueron presas políticas desde un lugar bello; como una boina tejida para una compañera, un bordado de flores en una blusa o una tarjeta realizada como un gesto de agradecimiento. 

Cuando estaba estudiando mi maestría, me encontré por segunda vez con un texto de 1968 escrito por el antropólogo Igor Kopytoff, quien señala que así como las personas tienen historias de vida, los objetos también. Con la idea de realizar el ejercicio de escribir la biografía de un objeto, elegí una blusa que fue donada por María Angélica Barrientos en 2016 al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (MMDH). Elegí esta pieza textil manufacturada por una mujer no por casualidad. Cheryl Buckley –una historiadora feminista del diseño que ha inspirado mi investigación en muchas ocasiones– dice en uno de sus textos que pensar la disciplina del diseño desde el prisma de las mujeres es iluminarlo mejor. De la misma manera quise pensar la dictadura chilena: ¿Cómo ilumina la memoria sobre la dictadura un objeto realizado por una mujer en prisión? ¿Qué memorias puede guardar un gesto textil? ¿Cómo se esclarecen los recuerdos a través del contacto con la materialidad? 

Entrevisté a María Angélica Barrientos para preguntarle sobre la trayectoria de la blusa: ¿Para quién la hizo? ¿Qué materialidades usó? ¿Cómo se conformaban los espacios donde la bordó? ¿Quién la conservó hasta su donación al MMDH? Con María Angélica fuimos recorriendo la historia de la blusa, y así, yo me fui adentrando en su biografía personal; en su vida familiar, en su experiencia como joven militante del MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y en el tiempo que estuvo en prisión en Valparaíso y Santiago.

En esa conversación con ella me di cuenta del potencial que tienen los objetos de abrir relatos, de ser propulsores de historias y lo más importante, de permitirnos -a quienes las conocemos-  establecer lazos de empatía con quienes forman parte de ellas. “Pienso con cosas reales, los objetos me ayudan a pensar”, dijo en una conferencia Donna Haraway en 2018. Pensar la dictadura militar con la artesanía carcelaria hecha por mujeres. Desde esa premisa nació “Biografías de artesanías: mujeres creando en prisión”, un proyecto de investigación –en el que trabajé junto a la realizadora audiovisual María Hurtado. 

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El informe realizado por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura indica que el 12, 5% de las personas que sufrieron prisión política y tortura son mujeres. En este documento existe un apartado donde se hace un perfil de las víctimas; datos cuantitativos que no permiten ahondar en sus subjetividades y experiencias vividas. 

Me encontré por segunda vez con un texto de 1968 escrito por el antropólogo Igor Kopytoff, quien señala: así como las personas tienen historias de vida, los objetos también.

“Biografías de artesanías” buscó llenar un poco esta fisura en nuestra memoria colectiva, indagando en la memoria de las mujeres a partir de preguntas sobre los objetos artesanales que ellas realizaron en prisión, pero también utilizando la materialidad de esos objetos como gatillante de sus recuerdos. La materialidad tiene la capacidad de dejarnos acceder a memorias que no se encuentran primeramente en lo verbal, sino que aparecen primero como sensaciones e imágenes “¿Qué sientes hoy al ver, tocar, oler esta artesanía?”, les preguntamos a ellas durante las entrevistas. Con Lola Herrera, en su casa en Coyhaique, pudimos ver cómo, al pasar la palma de su mano sobre la cartera de coipo que hizo su madre al salir en libertad, recordó cuando ella junto a sus hermanos lavaban los cueros de los animales muertos en el baño grande de su casa. 

A través del contacto de su piel con la cartera pudo poner en palabras las imágenes del baño de su casa convertido en un espacio de trabajo. Recordó que olía mal, pero que ayudaban a su mamá en el oficio de la talabartería porque era la única manera de poder mantenerse económicamente. Tocando la cartera recordó que ella quería estudiar veterinaria, que tenía otros sueños, pero que la dictadura se los quitó. Lola tenía 17 años cuando ocurrió el golpe. Era la mayor de seis hermanos.

En diez meses, entrevistamos a trece mujeres de once regiones del país. Algunas ya habían donado artesanías al MMDH pero otras fueron mujeres a quienes contactamos especialmente para este proyecto. Conocimos a mujeres que nunca habían dado una entrevista o hablado de la dictadura militar ni siquiera con sus familias. A la mayoría tuvimos la oportunidad de visitarlas en sus casas; conocimos a sus familias, sus animales de compañía, sus objetos, el paisaje y el lugar donde viven –que en algunos casos es el mismo lugar desde dónde las detuvieron. 

Las entrevistas significaron momentos de encuentro que fueron el corazón del proyecto: una conversación entre mujeres de diferentes generaciones. 

Generalmente en las investigaciones se le da una gran relevancia a los “resultados” del proyecto, o es muy importante identificar cuáles son las principales conclusiones, pero no se recae en la importancia del proceso y en este caso, la experiencia misma de realizar las entrevistas nos permitió generar un vínculo afectivo con las entrevistadas y sus familias que aún permanece. Es el resultado más importante. 

Uno de los objetivos era poner la atención en lo territorial y entender la especificidad de cada vivencia con los matices que la geografía entrega. Conversando con Beatriz Brinkmann pudimos comprender qué significaba estar en una celda precaria con el frío y la lluvia de Valdivia, lo que a ella le provocó frecuentes problemas en los bronquios que la obligaban a pasar los días en cama. Con el relato de Rosa Figueroa nos imaginamos el día de su detención, cuando se la llevaron a ella y a su pareja desde la casa de sus padres. Rosa vendada se imaginaba el trayecto al subir y bajar los cerros de la región de Valparaíso hasta llegar al cuartel de la DINA en la calle agua Santa. 

Pese a la diversidad de paisajes, historias y materialidades que nos encontramos, la artesanía significó para muchas de las mujeres una forma de canalizar sus emociones a través del quehacer con las manos. 

Así lo fue para Ruthy Robertson, una de nuestras entrevistadas de la región de Aysén, quien desde el exilio en Ecuador bordaba tapices en punto ruso. Dolores Cautivo, quien fue detenida en Arica el mismo día que asesinaron a su hermano Salvador, nos dijo: “Mi forma de expresar fue contrarrestar la muerte, contrarrestarla con vida. Por eso las cosas que yo hice siempre fueron llenas de colores; llenas de vida, de fuerza, de alegría porque no quería que la muerte fuera la vencedora.” Además, en algunos casos, la artesanía significó un medio de financiamiento para familias enteras, donde padres y madres habían quedado sin trabajo. En la entrevista con Lola Herrera pudimos entender la complicada dimensión que sostienen estos objetos; que pese a su belleza también existe mucha resignación en su proceso de producción: “La artesanía no eran nuestros sueños”, nos dijo. En otros casos la producción de la artesanía significó un momento de encuentro, por ejemplo para Rosa Lizama, la artesanía fue un tiempo de poder compartir con su madre cuando ella se encontraba detenida a los dieciséis años en la cárcel de Punta Arenas. 

A través del contacto de su piel con la cartera pudo poner en palabras las imágenes del baño de su casa convertido en un espacio de trabajo.

Días después de realizar las entrevistas algo quedaba en nuestros cuerpos; una sensación, a veces de angustia, otras de pesadez o incomodidad, pero a medida que pasaban los días y que podíamos ir procesando sus testimonios, lo que decantaba era una profunda admiración ante sus mensajes esperanzadores, ante sus ejemplos de resistencia y de apego a la vida. 

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–Odette nos recordaba el deber de levantarnos, el deber político de seguir luchando por encima de cualquier sentimiento de personal de angustia, de dolor, de abandono, de soledad, de extrañar a las familias y todo los que nos pasaba –recordó Dolores Cautivo, quien estuvo presa con Odette López en la cárcel de Arica. 

Cuando le preguntamos a Beatriz Brinkkman qué mensaje le gustaría transmitir con la tarjeta que ella realizó en prisión, nos dijo: 

–Que siempre, en cualquier situación, existe la posibilidad de sacar recursos de uno mismo si uno mira hacia afuera, osea, si uno no se concentra en el ¡Ay pobrecita yo! Yo creo que lo peor que una pueda hacer en la vida es la autocompasión. Creo que la manera de superar experiencias difíciles, es mirando hacia fuera, viendo lo hermoso que siempre hay, hasta en los peores situaciones. 

Norma San Severiano, que estuvo detenida en la cárcel El buen pastor en Rancagua, contó sobre los días de visita en la cárcel, cuando las presas recibían a sus familias y seres queridos. Cuando las visitas se iban, las presas quedaban en un estado de gran vulnerabilidad; con una sensación de soledad y angustia: “Realmente quedabamos muy mal. Entonces yo me iba a la cocina y preparaba un fondo grande de arroz con leche. Después lo repartíamos y conversábamos para contarnos nuestras penas y necesidades. Hubo mucho compañerismo entre nosotras”. 

Este tipo de mensajes y actitudes frente a la prisión política se repitieron en la mayoría de las entrevistas, por eso “Biografías de artesanías” tiene un carácter esperanzador, dialogante con las nuevas generaciones. Creemos que conocer las vivencias de estas mujeres, desde lo afectivo y no meramente desde los hechos, nos puede ayudar a hacer sentido a nuestro presente y así construir un mejor futuro.

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Tal como el proceso de llevar a cabo este proyecto fue una conversación, queremos que sus “resultados” lo sigan siendo. Así pensamos el cortometraje documental que aúna las entrevistas realizadas en el proyecto y que hoy puede ser visto en la muestra principal del MMDH y también en YouTube. Además se incorporan siete artesanías a la colección del museo; tres de las cuales se integraron a la muestra permanente y serán mediadas con un material educativo que diseñamos especialmente para estudiantes de sexto, séptimo y octavo básico. Este material educativo consiste en relatos ilustrados dan cuenta de la experiencia de cada mujer como prisionera política. Además, estos cuadernillos contienen una actividad que busca hacernos reflexionar cómo estas mujeres pudieron trabajar sus emociones en contextos dolorosos. La invitación para sus lectoras y lectores, es identificar sus propios recursos disponibles para enfrentar momentos difíciles.

Biografías de artesanías nos permite comprender mejor el significado del llamado “tejido social”. Es, en sí mismo, un entramado de fibras, donde cada mujer que hemos tenido la oportunidad de conocer es una hebra. Ellas entrelazan otras hebras; sus familias, sus comunidades, sus territorios. Nosotras, como realizadoras, también lo somos. Las entrevistas nos permitieron encontrarnos; establecer un nudo con nuestras fibras; aferrarnos las unas a las otras a través de la empatía. Generar lazos de empatía es esencial para crear comunidad, como nos dijo Beatriz en su casa en Valdivia “para formar parte de una generación del nosotros y no del yo”.

El proyecto “Biografías de artesanías” fue realizado con el apoyo del MMDH y financiamiento del Fondart.