Ignacio Molina nació en Bahía Blanca en 1976. Como buen bahiense, como corresponde, ha jugado al basquet.

Su mayor hazaña fue en la cancha de Pacífico: metió el triple de la victoria sobre la chicharra final. Sus compañeros lo sacaron en andas. Pero a la fecha siguiente, gracias a un error suyo, perdieron por un punto de locales con Bahiense del Norte. En el vestuario, uno del equipo contrario fue a consolarlo: “Ya está che, no te calentés”. El pibe había sido la figura del partido: era Manu Ginobili. 

 

Por suerte Ignacio decidió no ser jugador profesional sino dedicarse a escribir. Y le fue bien. 

Publicó las novelas Los modos de ganarse la vida (Entropía, 2010) y Los puentes magnéticos (Entropía, 2013), los libros de relatos Los estantes vacíos (Entropía, 2006) y En los márgenes (basado en textos de su blog Unidad Funcional), los libros de poemas Viajemos en subte a China (Pánico el Pánico, 2009) y El idioma que usan todos (Pánico el Pánico, 2012) y la investigación periodística Tribus Urbanas (Kier, 2009). Publicó artículos en diferentes medios gráficos y cuentos y relatos en diversas antologías. Trabaja como redactor, corrector de estilo y coordinador de talleres de escritura. 

 

Con respecto a Emanuel Ginobili, su coterraneo, Ignacio tiene una teoría: el caso Ginobili es distinto al de diversos deportistas en sus tierras natales. Que haya nacido en Bahía, y no en otro lado, es un factor trascendental para su éxito.